miércoles, 23 de marzo de 2011



Las Flores de Bach son una serie de esencias naturales utilizadas para tratar diversas situaciones emocionales, como miedos, soledad, desesperación, estrés, depresión y obsesiones. Fueron descubiertas porEdward Bach entre los años 1926 y 1934.

El Dr. Bach era un gran investigador, además de médico y homeópata. Experimentó con diversas flores silvestres nativas de la región de Gales, en Gran Bretaña, de donde él era originario, hasta encontrar 38 remedios naturales, cada uno con propiedades curativas para distintos problemas emocionales. A estas 38 flores se les llaman Flores de Bach.

Las Flores de Bach también reciben el nombre de esencias florales de Bach y de elíxires florales de Bach.

Su teoría era que las enfermedades físicas tienen un origen emocional, y que si los conflictos emocionales subsisten por mucho tiempo, la enfermedad del cuerpo empieza a aparecer, Sin embargo, al restaurar el equilibrio emocional se resuelve la enfermedad física. Fue de esta forma que desarrolló la Terapia de las emociones.

Después de más de 70 años, las Flores de Bach han sido probadas como un magnífico sistema para tratar los problemas físicos, mentales y emocionales de los seres vivos.

Si deseas saber más de las Flores de Bach y su origen te recomendamos que visites la página Origen de las Flores de Bach. También ofrecemos una pequeña biografía del Dr. Bach.

Para conocer algunas de las aplicaciones de las Flores de Bach te sugerimos visitar la página Aplicaciones de las Flores de Bach.

Para saber más de la forma de tomar las flores consulta la página Como tomar las Flores de Bach.

sábado, 19 de marzo de 2011


Directo: Francia destruye varios tanques de Gadafi 

ABC.es - ‎hace 17 minutos‎
Aviones franceses han llevado a cabo un total de cuatro ataques aéreos en territorio libio, según una fuente militar francesa citada por Afp. Se informa también de que ha habido fuertes explosiones al este de Trípoli, con bolas de fuego que se han ...

miércoles, 16 de marzo de 2011



Japón se asoma al apocalipsis nuclear

Una explosión en el reactor número 2 de la central de Fukushima provoca que los elementos radiactivos lleguen a Tokio 


«Las autoridades japonesas han perdido el control», dice el comisario de Energía de la UE
De Hiroshima a Fukushima pasando por Chernóbil. El mundo se vuelve a asomar al abismo de una catástrofe nuclear y, una vez más, lo hace en Japón. El único país que ha sufrido en sus propias carnes la detonación de dos bombas atómicas -en Hiroshima y Nagasaki al término de la Segunda Guerra Mundial- se enfrenta ahora a una peligrosísima fuga radiactiva en la central de Fukushima, a 250 kilómetros al noreste de Tokio. Se trata ya del peor accidente nuclear tras el desastre de Chernóbil, la planta de la extinta Unión Soviética que propagó una nube tóxica por el norte y centro de Europa y que aún hoy sigue provocando tumores malignos y horrendas malformaciones genéticas.
Por tercer día consecutivo, ayer hubo una explosión en otro de los seis reactores de la central de Fukushima -en este caso el número 2- y se declaró un incendio en el número 4. Cuando los bomberos apagaron el fuego, descubrieron dos grietas de ocho metros cuadrados en la vasija del reactor, por donde podrían volver a escaparse nuevas fugas. «¿Qué demonios está ocurriendo?», les gritó enfadado el primer ministro, Naoto Kan, a los responsables de la compañía que gestiona la central, Tokio Electric Power Co. (TEPCO), por la tardanza en ser informado.


Estos siniestros, unidos a los estallidos de días anteriores en los otros dos reactores, han provocado que se detecten en Tokio elementos radiactivos. Aunque las autoridades insisten en que los niveles de contaminación son bajos y no entrañan un riesgo para la salud, en la capital nipona se ha desatado el pánico y miles de personas han hecho acopio de víveres, agua, máscaras, mantas, sacos de dormir, linternas y velas.


En un dramático discurso televisado, el primer ministro admitió que «los niveles de radiación se han elevado de manera considerable» y ordenó que toda la población en unos 30 kilómetros a la redonda de la central de Fukushima -unas 140.000 personas- permanezcan encerradas en sus casas y con las ventanas selladas. Según el Gobierno nipón, los niveles de radiación en las cercanías de la planta llegaron a ser entre 100 y 400 veces superiores a lo permitido después del escape. «Estas cifras pueden afectar a la salud, de eso no hay duda», reconoció el portavoz del Ejecutivo, Yukio Edano, quien luego anunció que la radiactividad había bajado por la noche en la central atómica, en Tokio y en la vecina ciudad de Chiba.


De los 800 empleados que estaban intentando a la desesperada enfriar los reactores de la central, ya sólo quedan 50. Son los «liquidadores», auténticos héroes anónimos que se están jugando la vida en una lucha titánica por paliar una tragedia que se antoja ya irreversible, y que en los próximos días no tiene visos de mejorar, sino de empeorar. El Ejército japonés ya ha instalado mangueras para refrescar las torres de los reactores, cuyos muros de hormigón han saltado por los aires en las explosiones, y ha pedido ayuda a Estados Unidos para que helicópteros militares viertan agua sobre ellos. El principal peligro estriba en que alguno de los reactores afectados se funda y provoque una explosión atómica de proporciones bíblicas.


Sin control


A la devastación del terremoto y el tsunami del viernes, que barrió la costa noreste de Japón y ha dejado más de 10.000 muertos, se suma ahora un apocalipsis nuclear. «Hablamos de apocalipsis y creo que la palabra está muy bien elegida porque las autoridades japoneses han perdido el control de Fukushima», sentenció el comisario de Energía de la Unión Europea, Günther Oettinger.


Por su parte, la Autoridad para la Seguridad Nuclear de Francia elevó la gravedad del siniestro al sexto nivel en la escala internacional de accidentes atómicos. La Administración nipona lo sigue situando en el nivel 4. Por encima, en el nivel 5, aparece la tragedia acaecida en 1979 en Three Mile Island (Pensilvania), la central americana cuyo núcleo se fundió liberando gran cantidad de material radiactivo. De los seis reactores con que cuenta la planta de Fukushima, cuatro han sufrido graves problemas y los otros dos han experimentado una peligrosa subida de las temperaturas. Aparte de las labores contrarreloj para enfriar los núcleos, el destino de la fuga radiactiva dependerá en gran parte del viento, que anoche soplaba en dirección suroeste hacia Tokio pero en los próximos días está previsto que cambie hacia el este, es decir, al Océano Pacífico y sin alcanzar a zonas de población en Japón u otros países cercanos.


También influirán las réplicas del seísmo de 9 grados del viernes, que se vienen repitiendo por centenares. Prácticamente cada media hora, la Tierra vuelve a temblar en Japón, que sufre desde sacudidas suaves que balancean los edificios hasta violentas convulsiones que hacen temblar el suelo.

martes, 15 de marzo de 2011


Japón admite fugas radiactivas "que pueden afectar a la salud" tras un incendio y una nueva explosión en Fukushima

R. MÉNDEZ / G. HIGUERAS    717 comentarios

Evacuaciones 30 kilómetros alrededor de la central nuclear. -La alerta llega a Tokio porque el viento podría arrastrar las partículas. -El Gobierno reconoce que podría haber grietas en la vasija del reactor 2.- La agencia nuclear japonesa pide ayuda a la ONU y EE UU

ALARMA DE SALUD EN JAPÓN POR NUBE TÓXICA

Son tres las centrales nucleares que están en estado de alerta por derrames radioactivos: la planta nuclear de Fukushima, la de Onagawa y la de Tokai. Autoridades japonesas distribuirán medicación para proteger contra el cáncer de tiroides, el que más afecta a víctimas de la radiación. Diecisiete tripulantes del buque estadounidense USS Reagan, que colaboraron en Fukushima, presentaron niveles de radiación.
Hasta ahora, las autoridades sanitarias japonesas creen que al menos 200 personas habrían sido afectadas directamente por la radiación. Sin embargo, “deben planear en base al peor escenario”, explicó el doctor John Boice, director científico del Instituto Internacional de Epidemiología de Rockville, Maryland.
También se detectaron niveles de radiación en los cuerpos de 17 miembros de la tripulación del buque estadounidense USS Reagan. Estos oficiales habían viajado en helicópteros para asistir a personas en la central nuclear de Fukushima, en donde ocurrió la explosión.
Autoridades del buque informaron que los oficiales habrían estado expuestos, en apenas una hora, a una cantidad de radiación equivalente a la que se puede recibir en un mes. Por eso, las autoridades navales estadounidenses decidieron reposicionar a toda la flotilla de barcos y aviones que operaban en las costas cercanas a la planta nuclear para evitar mayor exposición a la radiación.
La explosión en Fukushima ocurrió en la unidad 1 de la planta que se encuentra a 120 kilómetros de la capital, Tokio, y al sur de Seidan, ciudad que fue epicentro del terremoto de magnitud 8.9 que arrasó el área el viernes 11. Inmediatamente se comenzó a evacuar a los trabajadores y la población que vive en un radio de 12 millas alrededor de la central nuclear.
El domingo 13, otra central nuclear ubicada en Onagawa presentó altos niveles de radioactividad. Ese mismo día la central de Tokai entró en estado de alerta a causa de un desperfecto en el sistema de refrigeración. Y el lunes 14 Fukushima sufrió otras dos explosiones.
Los efectos de una nube tóxica en la salud
Médicos realizaron pruebas al azar a trabajadores de la planta y personas internadas en hospitales cercanos para determinar el grado de riesgo al que han estado expuestos.
Japón es uno de los países que más sabe de las consecuencias de una nube tóxica causada por una explosión nuclear, ya que trató, y estudió, a las víctimas de la radiación producida por las bombas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki en 1945, durante la II Guerra Mundial.
La extensión del riesgo, y el daño, depende principalmente del grado de exposición que sufrió la persona. Y esta exposición está directamente relacionada con el viento. “Cuanto más viento haya, más se expande y se intensifica la nube tóxica”, agregó el doctor Boice.
Los riesgos para la salud de una persona expuesta a una nube de material radioactivo van desde problemas respiratorios leves hasta trastornos de largo plazo y el cáncer.
Ocho secuelas de salud que deja un terremoto
La enfermedad más común se denomina Síndrome Agudo de la Radiación. Se trata de una enfermedad grave que ocurre cuando el cuerpo recibe dosis de radiación, especialmente de yodo o rayos gamma, durante un período breve de tiempo, explican los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, sus siglas en inglés).
Los síntomas típicos de una intoxicación por radiación incluyen vómitos, diarrea y náuseas. Otra de las consecuencias de la radiación es el daño en la piel. Puede causar inflamación, picazón y enrojecimiento, y hasta la pérdida del cabello.
Al igual que con los otros síntomas, la piel puede parecer haberse curado, hasta que regresan los síntomas y perduran por días o semanas.
A mayor exposición, menor es la expectativa de vida de las personas que sufren este síndrome. La causa del fallecimiento en la mayoría de los casos es la destrucción de la médula espinal, como consecuencia de infecciones o derrames internos.
Miles de los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki, en 1945, y 30 de los bomberos que asistieron luego del accidente en la planta nuclear de Chernobil, ocurrido en Ucrania en 1986, sufrieron este síndrome.
En 1945, cerca de 90.000 personas en Japón murieron a consecuencia de la nube tóxica causada por estas bombas. Y 9,000 murieron hasta décadas después por cánceres inducidos por la radiación. En la población afectada por este tipo de radiaciones el riesgo de cáncer se eleva 500 veces.
Vitamina D contra el cáncer
El accidente de Chernobil liberó una enorme cantidad de yodo radiactivo que afectó el funcionamiento de la glándula tiroides en miles de personas. Y causó cáncer de tiroides en cientos de niños. Este accidente tuvo una potencia 500 veces mayor que la de las bombas lanzadas en Japón.
Según explica la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), muchas cosas emiten radiación: la luz, un horno microondas, pero no son radiaciones que afecten a la salud humana. Estas radiaciones “inofensivas” se denominan “no ionizantes”. Sin embargo, la radiación que emiten las centrales nucleares cuando hay un accidente es la llamada “radiación ionizante”, que es un carcinógeno humano.
La radiación ionizante incrementa el riesgo de ciertos tipos de cáncer más que de otros.
La glándula tiroides y la médula ósea son más sensibles a la radiación. Por eso, indica el Centro de Salud de la Universidad de Maryland, el cáncer de tiroides y la leucemia, un tipo de cáncer que surge en la médula ósea, son los más comúnmente inducidos por la radiación.
Con la exposición a la radiación, las células de la glándula tiroides y de la médula espinal comienzan a morir y su ADN a “intoxicarse”, lo cual causa un proceso degenerativo celular. Las células se transforman en “malignas”, es decir, en cancerosas.
La observación sobre la incidencia del cáncer de tiroides surge del análisis de las víctimas directas expuestas a la radiación nuclear. Estudios realizados luego de las bombas atómicas lanzadas en Japón y el accidente nuclear de Chernobil comprobaron la alta incidencia especialmente de cáncer de tiroides.
Por eso, la preocupación actual de las autoridades de salud japonesas es prevenir que las personas expuestas sufran este cáncer en el futuro.
Sin embargo, otros graves problemas de salud pueden surgir de una exposición extensa a la radiación como pueden ser las mutaciones genéticas o el retraso mental. Según la EPA, si 1,000 fetos de entre 8 y 15 semanas estuvieron expuestos a 1 rem de radiación (medida internacional con la que se mide la intensidad de la radiación), 4 de ellos sufrirán de retraso mental.
Qué es el cáncer de tiroides
Según explica el Instituto Nacional del Cáncer, el cáncer de tiroides es una enfermedad por la cual se forman células malignas (cancerosas) en los tejidos de la glándula tiroides.
La tiroides es una glándula con forma de mariposa ubicada en la base de la garganta, cerca de la tráquea. Una tiroides saludable es un poco más grande que una moneda de un cuarto de dólar. Por lo general, no puede palparse a través de la piel.
La tiroides usa yodo, un mineral que se encuentra en algunos alimentos y en la sal yodada, para ayudarla a elaborar varias hormonas. Las hormonas tiroideas cumplen las siguientes funciones:
Controlan la frecuencia cardíaca, la temperatura corporal y la rapidez con la que los alimentos se transforman en energía (metabolismo).
Controlan la cantidad de calcio en la sangre.
Luego de los estudios a largo plazo realizados en personas afectadas por la radiación, los científicos pueden decir que la exposición a material radioactivo es una causa directa de cáncer de tiroides.